Cuando te fallan
Una de las cosas que más duele en esta vida es cuando alguien te falla, ese
dolor de ser traicionados nos deja un mal sabor de boca y no solo eso, la
confianza se pierde, hay cosas que se destruyen por dentro y uno ya no vuelve a
ser el mismo.
Hace poco me topé con un viejo amigo, hace un tiempo nos habíamos dejado de hablar por una estupidez que él había cometido, nunca me volvió hablar y tampoco con el orgullo que yo llevaba le dirigí la palabra, las cosas quedaron en el aire y todos los días me preguntaba ¿Porque? todo había quedado tan inconcluso, pero al mismo tiempo el dolor en el corazón me mataba cada día.
Él era mi mejor amigo y es de esos amigos a los que le podía contar todo y sabía que jamás me iba a juzgar, si necesitaba un hombro donde llorar sabía a quién recurrir, conocía mis más profundos secretos y definitivamente estaba consciente que en este mundo no iba a encontrar a nadie que me entendiera mejor que él.
Sé que nadie es perfecto y que todos cometemos errores, pero me fallo de la forma menos pensada y yo no podía perdonárselo de buenas a primeras, fue un proceso largo, cada día me cuestionaba sobre mi comportamiento con él y siempre llegaba a la conclusión que como amiga también había cometido errores, pero algo dentro de mi sabía que no era así, no tenía derecho a fallarme porque aunque alguna que otra vez yo también no supe ser amiga, no significaba que él debia fallarme de la manera en que lo hizo.
(para no hacer tan larga la historia)
Hace poco regreso tan arrepentido, tan dolido, note en sus ojos que realmente se sentía mal por haber hecho lo que hizo, por haber fallado, cuando yo nunca le di razones para hacerlo.
Y aunque le dije que estaba bien, dentro de mí no sabía cuándo lo perdonaría, porque tanto dolor nos hace cambiar y una parte de nosotros no puede seguir el mismo camino después de algo así.
Cuando te fallan tienes dos opciones: Aceptas que te fallaron, perdonas y sigues con tu vida o generas un rencor grande en tú corazón y por el resto de tú vida te llevas esa carga adicional, innecesaria.
Jessi.
Hace poco me topé con un viejo amigo, hace un tiempo nos habíamos dejado de hablar por una estupidez que él había cometido, nunca me volvió hablar y tampoco con el orgullo que yo llevaba le dirigí la palabra, las cosas quedaron en el aire y todos los días me preguntaba ¿Porque? todo había quedado tan inconcluso, pero al mismo tiempo el dolor en el corazón me mataba cada día.
Él era mi mejor amigo y es de esos amigos a los que le podía contar todo y sabía que jamás me iba a juzgar, si necesitaba un hombro donde llorar sabía a quién recurrir, conocía mis más profundos secretos y definitivamente estaba consciente que en este mundo no iba a encontrar a nadie que me entendiera mejor que él.
Sé que nadie es perfecto y que todos cometemos errores, pero me fallo de la forma menos pensada y yo no podía perdonárselo de buenas a primeras, fue un proceso largo, cada día me cuestionaba sobre mi comportamiento con él y siempre llegaba a la conclusión que como amiga también había cometido errores, pero algo dentro de mi sabía que no era así, no tenía derecho a fallarme porque aunque alguna que otra vez yo también no supe ser amiga, no significaba que él debia fallarme de la manera en que lo hizo.
(para no hacer tan larga la historia)
Hace poco regreso tan arrepentido, tan dolido, note en sus ojos que realmente se sentía mal por haber hecho lo que hizo, por haber fallado, cuando yo nunca le di razones para hacerlo.
Y aunque le dije que estaba bien, dentro de mí no sabía cuándo lo perdonaría, porque tanto dolor nos hace cambiar y una parte de nosotros no puede seguir el mismo camino después de algo así.
Cuando te fallan tienes dos opciones: Aceptas que te fallaron, perdonas y sigues con tu vida o generas un rencor grande en tú corazón y por el resto de tú vida te llevas esa carga adicional, innecesaria.
Jessi.
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