Locos enamorados
Solíamos tener la magia del amor.
Cuando la lluvia caía, era nuestra época favorita, salíamos de casa con el afán
de encontrarnos bajo la lluvia y darnos ese tierno beso que vimos mil veces en
las películas, que nos derretía el corazón porque se miraba romántico.
A veces cada noche antes de dormir, sabía que él me acobijaba en sus brazos
y con un tierno beso en la frente hacia que durmiera sin ninguna pesadilla,
tenía esa manera tan peculiar de espantar mis fantasmas y hacia que las noches
fueran maravillosas a su lado.
Por las mañana, él se levantaba antes que yo para hacer nuestro desayuno,
sabía lo que me gustaba y jamás cambiaba la receta, en mi bandeja siempre
dejaba una rosa, ¿De dónde la sacaba? no lo sé, pero un día me di cuenta que
las rosas de nuestro jardín estaban desapareciendo. Aun así, el detalle era lo
que contaba.
Nuestro día favorito, eran los domingos, levantarnos tarde, jugar debajo de
las sabanas. ¡Wuau! mirábamos televisión todo el día y de vez en cuando hurgábamos
en la cocina buscando algo para saciar nuestra hambre.
Los días de descanso solíamos salir algún lugar, por las tardes nos quedábamos
en el mirador de la ciudad a ver el atardecer, ese sol color naranja y esas
nubes que le daban el toque romántico a nuestro día me hacían pensar en que
tenerlo a él valía la pena en todos los sentidos.
¡Sí! Llenos de sueños y ganas de vivir la vida. Siempre tuvimos la
mentalidad de que no queríamos irnos de este mundo sin haber dejado una huella.
Después de tantos años, agradezco cada momento, porque sé que jamás, ni en esta
vida ni en otra, abra alguien que nos llame locos enamorados.
Jessi
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